Trabajos en prensa

El flysch de Zumaia, historia de un reportaje

En estas páginas quiero mostrar algunos de los reportajes que he ido publicando en distintos medios. Empezando por algunos de los de el El Mundo, como este que apareció el 20 de febrero de 2011 en el suplemento Eureka! y que recibió el I Premio FECYT de Periodismo Científico.

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En él se describe el yacimiento paleontológico del Flysch de Zumaia, en la costa de Guipúzcoa, uno de los pocos lugares del mundo donde aflora la capa geológica de la transición K-T, el límite entre el Cretácico y el Terciario. El estudio de yacimientos como este y el de Gubbio, en Italia, ha ayudado a consolidar la hipótesis de que un gran impacto acabó con gran parte de la vida en la Tierra hace 65 millones de años. Una fina capa de arcilla con alto contenido en iridio, un metal muy escaso en el planeta pero presente en los meteoritos, marca la transición entre dos eras geológicas. Ese estrato geológico puede tocarse con las manos en la playa guipuzcoana y en él yace el polvo del bólido extraterrestre que terminó con los dinosaurios. Por debajo del límite K-T, hay fósiles de todo tipo. Por encima, la mayoría de ellos han desaparecido. En las arcillas y calizas de Zumaia, que ser formaron bajo el mar,  se observa una drástica desaparición de la mayor parte de las especies oceánicas previas al impacto.

Llevo años visitando esa zona y ese pueblo, que es uno de los mejor cuidados del Cantábrico y que tiene impagables valores alrededor, como un encinar costero de los que ya casi no quedan en las costas del norte y unas dunas costeras que los pinos no han podido domesticar del todo. Pero no fue hasta enero de 2011 cuando pude por fin reunirme con Asier Hilario, el joven investigador tolosarra que gestiona el Biotopo Protegido del Litoral Deba Zumaia y recorrer con él los acantilados. Una visita impagable por el escenario, por la espléndida mañana de invierno que nos correspondió y por la capacidad de Asier de comunicar con pasión la ciencia y la belleza de ese territorio.

Escribir el artículo me costó algunos días, me llevó a manejar bastante literatura científica  y a leerme en tirones nocturnos obras esenciales como Tyrannosaurus rex y el cráter de la muerte (Crítica, 2009). En ella, Walter Alvarez, el investigador que acreditó la teoría del impacto meteorítico, expone los argumentos para sostenerla y describe la fascinante pesquisa científica que llevó finalmente a afirmar que el cráter de Chicxulub, en México, es el testigo de aquel cataclismo. El libro lo había leído hace tiempo y me avivó el gusanillo por la geología. Esa inquietud me acabó llevando a México. Así, en el verano de 2010, me planté en Yucatán siguiendo la historia de Walter Alvarez y me acerqué hasta esa costa bajo la que yace el monumental cráter submarino. Para cerrar el círculo sólo me faltaba escribir sobre ello. Y tras reunirme con el director del yacimiento guipuzcoano me puse a ello.

Faltaba currarse el gráfico, pero tuve la suerte de que le correspondiera a Adolfo Arranz. Como es listo, tiene estilo y, sobre todo, entusiamo por contar historias, se lo tomó como algo propio y salió bordado. Y eso que no era fácil hacerlo. Hubo que tratarlo todo por teléfono, porque estaba fuera de Madrid, y no llegamos a vernos en persona. Aun así, salió redondo. Ya sólo faltaba publicar el reportaje, pero eso era lo más difícil. Los editores no lo tenían claro. La visita a Zumaia había sido una ida de olla mía, es decir, una idea particular y no un encargo venido de arriba. O sea, era exactamente una muestra de lo que no hay que hacer en una redacción: pensar. Eso hace creer a los jefes que uno tiene ganas como mínimo de molestar, si no de algo peor. Hay que evitar, a toda costa, pensar en un periódico, ya se sabe. Pero como uno es empecinado en el error, siguió pleiteando.

Tras mucho insistir me ofrecieron media página. ¡Y yo tenía un gráfico a 10 columnas que era un monumento! “Pon una foto y déjalo en media página, a lo mejor te damos una entera si hay suerte”, ofrecieron. Al final, no sé cómo, conseguí la doble, pero con dudas. “Es que el tema no interesa; es que no tiene actualidad”, me decían.  “¡Cómo va a ser de actualidad!”, respondía yo, “si cuenta cosas que ocurrieron hace 65 millones de años”.

Al final salió y por lo que se ve sí hubo gente a la que le interesaba. Hasta le dieron el premio de periodismo científico del año. En fin, así se comunica la ciencia en este país.

Los enlaces a los archivos PDF originales están aquí :

Flysch 1 20 febrero 2011 / Flysch 2 20 febrero 2011

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Un pensamiento en “Trabajos en prensa

  1. Anónimo

    Me parece un artículo muy interesante, desconocía la existencia de este “yacimiento geológico” en España en el que poder descubrir el pasasdo.

    Responder

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